La nieve

¿Alguien ha hecho caso del consejo de hace unos días? ¿Nooooo? Pues muy mal. Yo me animé el último finde, me metí en el metro, enlacé con el tren y, hala, a la nieve. ¿Cómo sois tan perezosos? ¡Qué vivís en Ciudad Lineal y no tardáis nada en subir a la sierra!

Os cuento: pasadas La Almudena y La Elipa, en cuanto llegué a Ventas, me vi rodeada de un grupo de americanos, así que afiné el oído y empecé a interesarme por la conversación en inglés. ¡Estupendo: listening gratis! Eso sí, no me quedó más remedio que hacer algunos apuntes de cosas incomprensibles para preguntar a los profes de la academia el próximo día. Os recomiendo esta práctica para aprender inglés: siempre se plantean dudas que los profesores nativos nos resolverán encantados.

Cercedilla4-2

Cuando me metí en el tren, dispuesta a concentrarme en la lectura del libro que llevaba entre manos, se sentó a mi lado una chica encantadora, muy calladita ella, que también sacó un libro y empezó a leer. Y claro, mi curiosidad me obligó a fijarme en el objeto de su lectura. ¿Adivináis qué? Pues sí, era un libro en inglés. Así que el ojo siguió y siguió y no pude evitar seguir leyendo su libro en vez del mío. Lo malo fue que, claro, había cosas que se me escapaban y empecé a tomar notas.

Al final la chica se mosqueó un poco, lógicamente, y comenzó a mirarme con cara inquisidora. Así que no me quedó más remedio que explicarme (en inglés, of course). Pero, como ya os he dicho, la chica era encantadora, de Australia, por cierto. Total, que empezamos a hablar en inglés en La Navata y así seguimos hasta Cercedilla; luego cogimos allí el tren de Cotos y, al llegar, decidí irme a tomar un café y despedirme porque la pobre lo que quería era hablar en español y no la dejé de hablar en inglés en todo el viaje.

¡Lo siento, chica, otra vez será!